Cómo cuesta ponerle un punto final a algo que necesitás tanto. Ojalá no me lastimara tanto, pero yo lo permito, lo dejé entrar, lo elegí a él con todos sus enrosques y complejos y con lo mal que me hacía, con el dolor que me causa, lo dejé cavar y cavar más fuerte en mi corazón y se hizo un lugar. Cavó tan profundo... ¿cómo voy a sanar la herida? Es mentira que el tiempo lo cura, en mi caso el tiempo lo hace peor. Es cada vez más intenso y más fuerte, y mi problema es no saberlo parar.
Cambiamos los roles, ¿no? Ahora yo soy la que te necesita y la que está muerta por vos, y para vos yo ya no significo nada. Pero está bien, en su momento sí lo hice y fue hermoso; no por lo que no pasó y por todas las cosas que se dijeron, sino por lo que sentí. Lo que vos me hacías sentir (+), lo que cada boludés significaba para mí... Sabés? Está bien, porque las cosas cambian, la gente cambia, los sentimientos se van y no vuelven, y esto fue lo que fue. Algo improvisado, desordenado, caprichoso, histérico, molesto, pero puro, inevitable, enorme, magnético, increíble. La definición es la mezcla de nosotros dos, como un volcán y un tornado cuando se encuentran. Así de fuertes, posesivos y celosos somos, por eso sos como una droga. Duele, destroza, destruye, pero es adictiva. Se necesita. Yo te necesito. Conmigo, pero ¿este no era el punto final? No me sale y no puedo porque duele, duele, duele... pero también es necesario. Es que me lastima tanto, ¿quién lo hubiera pensado? Era tan estúpido y boludo cuando arrancó que jamás pensé que llegaría a este punto, al punto de dejarme lastimar porque sabía que, aunque estaba muriendo por dentro, estaba mejor que nunca. Con vos me siento viva, tan viva... Una parte muere hoy de mí, otra más. Pero esta es grande y más pesada, aunque aún así, tiene tu nombre.
Y sé que nos vamos a volver a encontrar porque es inevitable. Somos, vos y yo, somos inevitables.
