Yo personalmente pienso que un beso es entre dos personas que se quieren.
Las mil sensaciones en los pocos minutos antes del primer roce de nuestros labios. Cuando sentí las mariposas en mi estómago, no dejándome respirar. Era tan maravilloso el momento en que ambas bocas se tocaron, porque me sentí estallar. Infinita. Con música de fondo. Con fuegos artificiales. Incendiándome. Quemándome. Ahogándome. Muriendo. Resucitando. Volando.. De mil colores. Plena. Completa. Llena. Como la sensación que obtengo en Año Nuevo cuando observo los fuegos artificiales y me siento esperanzada, con una chance de empezar de nuevo. Como la sensación que me posee cuando subo al escenario y canto. Como si nadie pudiese detenerme jamás.
Me sentía como si estuviese flotando... Sentí su lengua enredarse con la mía y me dije a mí misma que él me quería. Que era como tenía que ser. Que era lo que era. — Sus manos en mi cintura. No había espacio entre nosotros, y aún así lo necesitaba más cerca. No podía sentirlo lejos de mí. Quería estar aferrada a él para toda la vida, quería que me abrazara con esos brazos fuertes, que me sostuviera pegada a su cuerpo, que me acariciara con esas manos expertas que yo tanto adoraba. Probé su cuello, y sabía incluso mejor que en mis fantasías. Lo chupé, lo besé, lo mordí; degusté otra parte del hombre más magnífico y atrayente que exista. Me devolvió de vuelta a su altura acunando mi rostro entre sus grandes manos, dio un corto beso a mis labios, y en cuento quise profundizar el beso, se separó un poco y tomó mi labio superior entre sus labios.. tan increíble. Me dolía quererlo tanto. Podía darle todo de mí. Mi alma oscura y solitaria.. A mi alma le gustaba estar en compañía de la de él. Le parecía familiar. — Mis manos en su cuello, en su nuca, alrededor de sus orejas, acariciaban con cariño, rascuñaban por momentos. Me mordía la lengua con cierta presión que el alcohol y el placer aplacaban y esa sensación era incomparable. No quería que terminara jamás. (...) Cerré los ojos cuando me besó más abajo porque no quería sentir nada más que sus labios en mi garganta, su respiración entrecortada, el olor de su piel mezclado con ese perfume tan característico y sus manos en mi cuerpo. Su anatomía junto a la mía... Pasó el dorso de su mano por mi brazo derecho, acariciando despacio, tan despacio.., y luego descansó su mano en mi cuello, sus dedos tocando mi nuca. Seguimos besándonos y me encontré en ese beso. Encontré un pedazo de mí y otro de él, y sentí el amor envolviéndonos cuando tomó una de mis manos, dejando sólo una en su cuello, y la unió a la mía, ambas pegadas a la pared. Sonrió y yo sonreí, sonreí porque no podía creer sentirme en el paraíso, en mi paraíso. Sonreí porque nuestras manos juntas me iban a acompañar toda la vida. Porque la imagen de sus ojos llorosos, sonriéndome, de su sonrisa, también sonriéndome en un sentido más literal, y la sensación de su cuerpo contra el mío, siendo tan mío, me unió para siempre a él. Echó sal en mi herida gigante, la marca con su nombre, para hacerme doler, para que lo recuerde para siempre, pero también para cicatrizar. Porque cada beso es una despedida. Y esta no sería jamás la excepción, porque vivíamos despidiéndonos, pero esta vez, quizás era para siempre. Y unió nuestras manos otra vez, destrozándome el corazón.
Se echó él sobre la pared esta vez y me tiró sobre su cuerpo con sus manos otra vez en mi cintura, para besarme tan apasionadamente que me quitó la respiración. Después de unos minutos me separé pocos centímetros, mis dedos acariciaban su garganta y algo de su cuello, lo miraba a los ojos. Era tan perfecto que no encajaba en el contexto de la realidad. Era tan perfecto para MÍ. Oscuro y retorcido, su alma y la mía eran gemelas. Repasé cada rasgo de su cara con mis labios, dejando suaves besos mientras él sonreía y jamás me soltaba. Era una parte de mí.
He holds me in his big arms,
drunk and I am seeing stars,
this is all I think of
Días pasaron y yo sólo recuerdo esa sensación de felicidad, tristeza, amor y fuerte placer. Tomé fotografías mentales de sus ojos entrecerrados, mirándome como si fuera su diosa, su princesa, hermosa e increíble, única, de él. Esas dos esferas verdes con tonos marrones me sonreían, me querían, me sostenían. Tomé otras de su sonrisa, constante en todo el beso, dejándome sentir el amor, el anhelo, todos esos sentimientos reprimidos en su alma, quitándose la máscara y mostrándome la otra cara del hombre del que me enamoré. Otra de sus expresiones, del placer que aparecía y del amor con el que me miraba. Tomé otra de nuestras manos entrelazadas. Tomé otra cuando pase mis dientes por su mandíbula, otra cuando acunó mi rostro entre sus manos, otra cuando sonreía porque era consciente del efecto que tenía en mí, también sonrió cuando mencioné lo de su boca y lo fotografié con los ojos, también cuando frunció el entrecejo, y de su cuello marcado por mí. Tomé fotos de todo eso porque quería recordarlo para siempre.
Grabé en mi memoria el sonido de su voz ronca y profunda, el de su risa. Grabé la sensación de sus manos en mi cintura, en mi rostro, en mi espalda baja, de sus dedos recorriendo mi brazo, mi nuca; de su mano entrelazada a la mía porque él las unió. Nos unió. Y grabé la sensación de nuestras bocas tocándose por primera vez, grabé la textura de sus labios, la piel de su cuello, el sabor, su olor, su pelo entre mis dedos, sus brazos alrededor mío, nuestras caderas pegadas, su pecho sobre el mío...
Me convencí de que aunque ya no me quiera como antes, fue la despedida perfecta. Una clase de capítulo final en el que todo está mal, todo es un desastre, en el que ojalá todo terminara de otra manera, pero aún obtenés ese beso que te destroza por dentro pero que te da todo lo que necesitás. Me hice amiga del nudo en la garganta cuando lo veo y sé que no es mío, que no me pertenece, pero ambos sabemos que hay una parte de él que está conmigo y jamás voy a devolvérsela. Supe que él es una parte de mí que jamás va a volver. Pero aún así, me tomé un momento para recordar su sonrisa al besarme, todas sus sonrisas, y nuestras manos entrelazadas que siempre me siguen a todas partes. Me tatué en el alma su nombre con un cuchillo, corté bien profundo porque no quiero que jamás se me borre, porque estoy bien con que esté para siempre conmigo, en todos los sentidos de la palabra. Trato de regenerar en mis venas cómo se sentía ser de él, como toda su aura me sonreía y me invitaba a encerrarme ahí dentro sola con él. Le escribo cartas y canciones y todavía le dedico muchas cosas, quizás demasiadas, de mí. Dibujo en mi cabeza todo lo que quiero ser con él y a veces me dejo caer en el abismo de los recuerdos y sangro todo lo que lo quise siempre.
Pero sólo a veces.